Páginas que regresan

18.02.2026

Mientras cosía esta funda, los recuerdos viajaron en el tiempo.

Más de veinte años atrás.

A veces ocurre algo curioso cuando trabajamos con las manos: la mente empieza a caminar sola por caminos antiguos. Las puntadas avanzan en el presente, pero los pensamientos se deslizan hacia otros momentos de la vida. Y, sin darme cuenta, mientras la tela tomaba forma, apareció un recuerdo.

Hace más de veinte años estaba en un hospital. No como paciente, sino acompañando a alguien a quien quería mucho. Las horas allí tenían otro ritmo. Un ritmo lento, suspendido, como si el tiempo respirara de otra manera.

Y en medio de aquella espera encontré un libro. "Donde el corazón me lleve"

No recuerdo exactamente la historia que contaba, pero sí recuerdo lo que hizo por mí: me regaló un lugar donde descansar por un rato. Un pequeño refugio dentro de un espacio que, en aquel momento, se sentía pesado.

Quizá por eso, mientras cosía esta funda, pensaba en ese gesto sencillo que tienen los libros: abrir una puerta cuando más lo necesitamos.

El negro de la tela me recordó a esas noches largas en las que uno busca un poco de calma. Y la franja con pequeños personajes parece casi un guiño amable, como si alguien nos dijera que incluso en los momentos más serios siempre hay espacio para una sonrisa.

Los libros tienen esa capacidad. No cambian necesariamente lo que ocurre fuera… pero transforman lo que sucede dentro de nosotros.

Tal vez por eso me gusta pensar que esta funda también guarda un recuerdo: el de aquella vez en que una historia, escrita por alguien que no conocía, me ayudó a atravesar una noche larga.

Y desde entonces entendí algo muy simple. Que a veces un libro no es solo un libro. 

Es compañía. 📖